.
Tardecita cordobesa. La doña, que vendría a ser yo, se pasea por el shopping. Poca gente, muy poca. En otras épocas caminaba pateando pibes. Ahora no!
Los juegos están vacíos, los negocios también, los cines otro tanto.
¡Ideal para mi!
Hay un bar, un café, con sillones cómodos, con grandes ventanales por los cuales entra mucha luz, que invita al descanso.
Una pareja joven, diría recién casados o a punto de hacerlo, se encuentran conversando con lo que imagino es un arquitecto.
Despliegan sobre la mesa del bar unos planos. Sonríen, imaginan, se consultan, estudian, planean, discuten, se ponen serios, gesticulan, se quedan pensando y vuelven a soñar!
Tienen toda la vida por delante.
En otro sector, el de los sillones, dos señoras conversan sentadas una al lado de la otra. Entre las dos deben de sumar alrededor de 160 años. Ambas muy coquetas, peinaditas, arregladas, elegantes. No escucho lo que dicen, pero se las ve entretenidas en una charla interesante. Se miran, se prestan mucha atención. Una de las dos es un poco sorda. Lo sé, porque la otra se le acerca a veces, y le apunta al oído cuando habla.
Conversarán de los hijos, de los nietos, de las elecciones, de la carestía de la vida.... No se!
Solo se que ellas no tienen una larga vida por delante, pero las presiento felices, disfrutando ese rato de tranquilidad, compartiendo secretos quizas, con una amiga de toda la vida!
Dos puntas del destino.
Amaneceres y ocasos.
..





